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Levitación magnética para transmitir sensaciones táctiles a usuarios de ordenador. | ||
A diferencia de la mayoría de las otras interfaces táctiles que emplean motores y uniones mecánicas para proporcionar algún sentido del tacto o de la fuerza ejercida, el dispositivo desarrollado por Ralph Hollis, profesor del Instituto de Robótica de la Carnegie Mellon, utiliza la levitación magnética y una sola parte móvil para proporcionar una experiencia muy realista a los usuarios. Estos pueden percibir las texturas, sentir los contactos duros y notar incluso pequeños cambios en la posición, mientras emplean una interfaz que responde rápidamente a los movimientos.
El sistema elimina los enlaces voluminosos, los cables y la complejidad mecánica general de otros dispositivos hápticos existentes actualmente en el mercado, gracias a una sola parte móvil ligera que flota en campos magnéticos. En el corazón de la interfaz háptica de levitación magnética existe un dispositivo en forma de cuenco denominado flotor que tiene en su interior seis bobinas. La corriente eléctrica que fluye a través de las bobinas interactúa con los poderosos imanes permanentes situados debajo, haciendo que el flotor levite. Un asa de control está unida al flotor. El usuario mueve el asa de forma muy parecida a un ratón de ordenador, pero en tres dimensiones y con seis grados de libertad. Los sensores ópticos miden la posición y orientación del flotor y esta información se utiliza para controlar la posición y orientación de un objeto virtual en la pantalla del ordenador. Cuando este objeto virtual encuentra otras superficies y objetos virtuales, se transmiten las señales correspondientes a las bobinas eléctricas del flotor, produciendo la respuesta táctil que recibe el usuario. |
Labitolosa se convierte en uno de los yacimientos más importantes de Aragón. | ||
Sólo se conocía su nombre y su emplazamiento, gracias a un documento hallado en el siglo XVI. Pero desde 1991 ha dado lugar a actuaciones arqueológicas. Se trata de Labitolosa, una de las ciudades romanas del sur del Pirineo, enclavada en La Puebla de Castro, en la vertiente meridional del Pirineo. María Ángeles Magallón es desde hace 17 años la investigadora responsable de esta campaña, ejecutada por el área de Arqueología del Departamento de Ciencias de la Antigüedad de la Universidad de Zaragoza, en colaboración con el Centro Ausonius de Burdeos, con la financiación del gobierno aragonés y el de Aquitania. Todo empezó cuando se realizaron las primeras excavaciones en el supuesto emplazamiento en 1991. 'Decidimos iniciar los trabajos de campo, queríamos conocer el poblamiento en el Pirineo, ver la romanización pirenaica. Nos sorprendimos, porque no esperábamos que los restos estuvieran tan bien conservados', explica Magallón, investigadora perteneciente al Grupo de investigación URBS, reconocido con la categoría de consolidado por el Gobierno de Aragón y dirigido por Manuel Martín Bueno. Un hallazgo arqueológico importante Todos estos años han originado hallazgos de monumentos públicos relevantes: el descubrimiento de una parte del foro, la curia, dos termas romanas y una fortaleza musulmana. Estos descubrimientos ayudan a conocer cómo era la vida de esa época. En el foro se encontraba la curia, en la gran plaza pública. En ella se reunía el ordo de los decuriones, que era el grupo de personas influyentes en la política de la ciudad. 'Se conserva en mal estado, pero hemos encontrado 11 inscripciones, que contienen el nombre de los decuriones, de las personas pertenecientes a ese municipio. Gracias a estas inscripciones podemos saber quién era el alcalde, quién eran los esclavos, las esposas, etc., porque esas inscripciones son dedicatorias de una persona a otra', detalla Magallón, que adelanta que 'tenemos uno de los yacimientos mejor conservados de Aragón, se están cubriendo ahora monumentos, con la idea de que se expongan al público', una vez arreglada la accesibilidad en los caminos.
En definitiva, estas actuaciones científicas en Labitolosa han dado lugar en estos cerca de 20 años a más de 30 artículos publicados, a la participación de más de 400 alumnos estudiantes españoles y franceses y a la preparación de un gran libro recopilatorio. Todo ello ha sido fruto de la conjunción de dos programas. el español, denominando 'Estudio de Labitolosa: una ciudad romana en el prepirineo oscense' y el francés, 'Investigaciones sobre la ciudad antigua de Labitolosa'. El objetivo final es estudiar esta localidad hispano-romana en la cadena pirenaica en su conjunto, no sólo la propia ciudad, sino todo el terreno en el que ejercía influencia y extraía los recursos. |
Cálculos más precisos sobre la explosión de Tunguska en 1908. | ||
El asteroide que causó un daño tan extenso era mucho más pequeño que lo estimado", afirma el investigador principal del estudio, Mark Boslough, sobre el impacto que se desató el 30 de junio de 1908. "Que un objeto tan minúsculo pueda provocar este tipo de destrucción sugiere que los asteroides pequeños deben ser tomados en consideración. Su diminuto tamaño indica que tales colisiones no son tan improbables como creíamos". Debido a que estadísticamente los asteroides más pequeños se acercan a la Tierra con más frecuencia que los grandes, convendrá dedicar a la detección de estos discretos objetos mayores esfuerzos que los que se venían dedicando hasta ahora. La nueva simulación, que concuerda con más exactitud que los modelos anteriores con los efectos bien conocidos que esa catástrofe provocó en su entorno, muestra que el centro de masa de un asteroide que explota cerca de la superficie de la Tierra se transporta hacia abajo a velocidades mayores que la del sonido. Toma la forma de un chorro de gas de alta temperatura que se ensancha con violencia, y al que se denomina bola de fuego. Esto produce ondas expansivas y pulsos de radiación térmica en la superficie, más fuertes que lo predicho para una explosión limitada a la altura en que comenzó.
Aunque puede parecer tranquilizadora esa conclusión de que el astro produjo menos devastación que lo previamente estimado, no es ningún alivio en absoluto, ya que fue causada por un asteroide mucho más pequeño de lo que se creía. Entre otras razones, resulta preocupante porque hay muchos más asteroides pequeños que grandes deambulando por el vecindario de la Tierra. Boslough y sus colegas se hicieron famosos hace más de una década prediciendo con precisión que la bola de fuego causada por el violento encuentro del cometa Shoemaker-Levy 9 con Júpiter sería observable desde la Tierra. Las simulaciones demuestran que la materia de un asteroide que se precipita hacia la superficie de la Tierra es comprimida por la creciente resistencia de la atmósfera terrestre. A medida que penetra en la atmósfera, la pared atmosférica es cada vez más resistente, lo que puede hacer que explote en el aire de manera dantesca, escupiendo un flujo descendente de gas caliente que golpea la superficie. Debido a la energía adicional transportada hacia la superficie por la bola de fuego, la explosión que los científicos habían pensado que estuvo entre 10 y 20 megatones, probablemente fue de "sólo" entre tres y cinco megatones. El tamaño físico que conserva el asteroide durante su feroz fricción contra la atmósfera depende de varios factores, entre ellos su velocidad, si es poroso o no, y si es rico en hielo o bien carece de agua. Cualquier estrategia para defender a la Tierra del impacto de cuerpos peligrosos, como por ejemplo desviarlos de su rumbo de colisión, debe tener en cuenta esta información revisada sobre el mecanismo de la explosión de Tunguska. |